Lo que pudo ser y no fue
8/07/2009Esto de la crisis es la excusa perfecta para casi todo. Aunque en sí la crisis no esté dejándonos tan mal como creemos, nos viene que ni pintado. Es bien cierto que a raíz de que España entrara en recesión económica (comúnmente conocida como crisis) las cosas se han puesto algo más difíciles. Pero esto es menos de la mitad de lo que realmente pasa. Como dije, es la excusa perfecta.
La excusa perfecta para abusar de la gente, para intentar explotarnos, para hurtarnos o quizá llevarlo al extremo e incluso robarnos, para aprovecharse del ciudadano medio en definitiva. Esas personas que normalmente han llevado una vida más o menos acomodada, sin un exceso de lujos, pero pasando los meses bastante holgadamente. A diferencia de ahora. Y ahora hay que ir a por ellos. Hay que dilapidarlos si hace falta, si a pesar de generar un perjuicio a esa pobre persona, en ocasiones indefensa, se puede sacar algún beneficio propio. Es triste pero es la realidad.
Cuento esto por algo que me sucedió esta semana. Y es que un amigo me recomendó en una empresa para comenzar a trabajar. Y nunca le estaré lo suficiente agradecido por acordarse de mí. El problema viene cuando la persona a la cual me dirijo a ver, concertada entrevista previa, es de quienes tienen las dudosas cualidades anteriormente citadas. De quienes, de una forma u otra, se jactan de lo bien que les va la vida y los negocios. Personas con las que sin ningún tipo de miramiento y por ahorrarse unos euros de más reducen personal, o prescinden de él, haciendo trabajar excesivas horas a los que quedan, amoldarse a una oferta de trabajo que iría contra la dignidad del mismo al que todos los españoles tenemos derecho según nos cuenta nuestra querida y a veces olvidada Constitución. En definitiva: ridículos salarios para trabajar las mismas horas que hace algunos siglos atrás, cuando en el mundo imperaba la esclavitud.
Triste realidad pero es la que tenemos ahí fuera, la que nos está esperando nada más abrir la puerta de casa. La realidad que nos imponen. Con la que, al menos por ahora, tenemos que vivir y, en la medida de lo posible, sobrellevar.
Tenemos tantísimo que agradecer a según qué personas…










