02/08/15

Reseña de Novela de ajedrez, de Stefan Zweig

Hacía mucho tiempo que un libro no me engan­chaba tanto; incluso pienso si en algún momento alguno me habrá engan­chado como éste, pero seguro que sólo es cues­tión de la efu­si­vi­dad del momento.

Me encanta el aje­drez. Y si bien es cierto que no empecé a leer esta novela por ésto, ya que era cons­ciente de que no era un libro sobre aje­drez sino que sirve única­mente como argu­mento cana­li­za­dor, y cier­ta­mente en su fondo va mucho más allá de eso, he de decir que si de ver­dad te gusta el aje­drez se dis­fruta muchí­simo más. Por­que te pones en la piel de los juga­do­res y sien­tes lo que ellos sien­ten; y aun­que el nivel narrado esté años luz de nues­tra habi­li­dad aje­dre­cís­tica, los sen­ti­mien­tos son comu­nes en todos los niveles.

Durante la narra­ción de la his­to­ria de Mirko Czen­to­vicz engan­cha, cuando todos se suben en el barco direc­ción a Bue­nos Aires empieza a pro­me­ter, y en cuanto entra en escena el señor B se con­vierte en una deli­cia. El relato de lo que vivió en su pasado, gra­cias a la forma en que Ste­fan Zweig lo escri­bió, es de una bri­llan­tez tan nota­ble que por momen­tos pare­ces estar inmenso en la pesa­di­lla que con­si­guió hacer de él el Gran Maes­tro de aje­drez que llegó a ser.

Créeme, si te gusta el aje­drez dis­fru­ta­rás mucho con esta novela; aun­que como es sabido y ya comenté: tam­poco es nece­sa­rio nin­gún nivel de cono­ci­mien­tos espe­cí­fico para dis­fru­tar de su lectura.

24/05/15

De pequeños nadie nos enseñó a quién votar

Hoy, día de elec­cio­nes, me he acor­dado de mis pri­me­ras elec­cio­nes; las pri­me­ras elec­cio­nes, recién cum­pli­dos los 18 años, en las que pude par­ti­ci­par acti­va­mente de nues­tra amada demo­cra­cia que, a mi pesar, en según qué casos no lo parece tanto… pero ése es otro tema.

¿Qué par­tido votar? Ésa es la pre­gunta clave, por­que la ver­dad es que la gran mayo­ría no tene­mos ni pajo­lera idea de polí­tica en esa época; ni siquiera cono­ce­mos qué opcio­nes tene­mos. Siem­pre hay hon­ro­sas excep­cio­nes de quie­nes se han intere­sado por la polí­tica desde bien jóve­nes, pero debe­mos ser cons­cien­tes de que no es lo más frecuente.

Elecciones

En el mejor de los casos vota­re­mos lo mismo que voten nues­tros padres —si es que ambos votan al mismo par­tido— con­fiando en que, como padres y adul­tos que son, esta­rán optando por la mejor de las opcio­nes exis­ten­tes, aun­que no ten­ga­mos ni idea de cuál ni por qué. En este caso, que como digo es el mejor o en todo caso el menos malo, esta­re­mos des­apro­ve­chando con ello tomar real­mente la pri­mera deci­sión rele­vante de nues­tras vidas; esta­re­mos con­fiando nues­tro voto a las mejo­res per­so­nas en quien pode­mos con­fiarlo, pero no estará siendo, real­mente, nues­tro voto el que depo­si­te­mos en la urna.

En el peor de los casos… vete tú a saber lo que puede pasar por la mente de cada cual. Desde votar a quien le haga gra­cia el nom­bre del par­tido, a votar el único que les suene de algo —aun­que con ello estén votando a la Falange con lo que ello pueda impli­car—, o a hacer una apuesta en común para votar a un par­tido haciendo uso de la frase por exce­len­cia: ¿a que no hay hue­vos? Y como mues­tra de que lo que digo no es utó­pico bien vale la pena ver el vídeo que dejo a continuación.

¿Y por qué sucede esto? Por­que en el cole­gio han insis­tido en que apren­da­mos la his­to­ria de los par­ti­dos más rele­van­tes de épocas pasa­das, haciendo espe­cial hin­ca­pié en aque­llos cuyos líde­res resul­ta­ron ser per­so­nas sin escrú­pu­los y que han lle­vado a sus res­pec­ti­vos paí­ses a come­ter las peo­res atro­ci­da­des del mundo… lo cual está genial, no se me mal inter­prete, por­que no hay mejor manera de evi­tar futu­ros erro­res que ense­ñar a evi­tar los ya come­ti­dos, pero siem­pre y cuando se ceda una parte del tiempo lec­tivo a apren­der sobre qué hacer en la actualidad.

Nadie nos enseñó qué es el sis­tema d'Hondt, cómo ni por qué se emplea en las elec­cio­nes espa­ño­las —entre otros paí­ses—; nadie nos ha ense­ñado un lis­tado de las dife­ren­tes opcio­nes polí­ti­cas ni en qué con­siste cada cual; nadie nos ha ense­ñado qué erro­res y acier­tos han tenido los pre­si­den­tes del Gobierno más recien­tes de nues­tro país, y cuá­les de ellos se deben al pro­grama del par­tido al que repre­sen­tan o a una deci­sión per­so­nal valién­dose del poder que tiene su cargo; nadie nos ha incen­ti­vado a pro­fun­di­zar en nues­tros idea­les para ave­ri­guar qué for­ma­ción guarda el mayor pare­cido a nues­tra forma de pen­sar; y mucho menos nos han ani­mado a for­mar parte activa en las juven­tu­des de ese par­tido con el cual poda­mos sen­tir­nos identificados.

Tene­mos un sis­tema de edu­ca­ción que se cen­tra muy poco en el pre­sente y pasa por alto que en esa edad no esta­mos pre­pa­ra­dos para afron­tar de forma apro­piada las deci­sio­nes más pró­xi­mas que tene­mos. Y si no que­re­mos aca­bar como la gente del vídeo ante­rior más val­dría que quien corres­ponda enseñe a los futu­ros votan­tes a hacerlo con criterio.

De peque­ños nadie nos enseñó a quién votar… y luego pasa lo que pasa.

08/05/15

Reseña de Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu

La pre­cur­sora de las nove­las vam­pí­ri­cas; de los vam­pi­ros de ver­dad, de los de siem­pre; no de esas cosas a las que hoy día se les llama vampiros.

Car­mi­lla es una novela muy breve, escrita con un gusto impe­ca­ble y valién­dose de sus pági­nas a modo de dia­rio de una de las pro­ta­go­nis­tas prin­ci­pa­les de la his­to­ria. Que al prin­ci­pio ni siquiera cono­ces su nom­bre; hasta lle­gué a pen­sar si ella sería la vam­pi­resa, durante un tiempo, hasta que con el trans­curso de las pági­nas de hace evi­dente quién lo es realmente.

Durante toda la novela se inter­cala el coque­teo, el roman­ti­cismo y la homo­se­xua­li­dad tími­da­mente y a veces incluso parece que a cuen­ta­go­tas; aun­que no es extraño que sea así teniendo en cuenta la época en la que se escri­bió; y que esta orien­ta­ción sexual, por des­gra­cia, no era abier­ta­mente comu­ni­cada en aque­llos tiempos.

Se pre­senta al vam­piro como una cria­tura inocente, tímida en oca­sio­nes; de suma belleza, con unos moda­les exqui­si­tos; ale­jado de los tópi­cos como pali­dez en el ros­tro y simi­la­res, sin nada que haga sos­pe­char que en reali­dad es lo que real­mente es. Hasta que es des­cu­bierto, en ese momento se con­vierte en un ser des­pia­dado, pode­roso, demo­níaco y maligno.

Por poner un único pero, el final me resultó atro­pe­llado. Como si hubiese puesto un límite de pági­nas al empe­zar el libro y no qui­siera reba­sar­las bajo nin­gún concepto.

07/05/15

Reseña de Leal, de Veronica Roth

080712. Vero­nica es muy cabr… tarta de fresa. Cuando sabes de qué va la saga ya te haces una idea, sin siquiera empe­zar a leer, de que pre­ci­sa­mente una his­to­ria ale­gre no va a ser; pero de ahí a que Vero­nica se ensañe más con sus per­so­na­jes que George R.R. Mar­tin con los suyos… En Insur­gente es una masa­cre, y en Leal ya es la leche. Estoy plan­teán­dome seria­mente hacer una novela donde la pro­ta­go­nista se llame Vero­nica Roth con el único fin de matarla, y cuando esté muerta resu­ci­tarla y vol­ver a matarla. A lo Vol­ver a empe­zar, de Ken Grim­wood.

El libro he de reco­no­cer que está muy bien; es una con­clu­sión bas­tante buena a la saga. A dife­ren­cia de las ante­rio­res, en Leal cada capí­tulo está narrado desde la pers­pec­tiva de cada uno de los dos per­so­na­jes prin­ci­pa­les de la his­to­ria: Tris y Cuatro.

Ocu­rren muchas cosas, se des­ve­lan mis­te­rios que hasta ese momento no podían ni siquiera ima­gi­narse, y está repleto de acción de prin­ci­pio a fin. Y muerte y des­truc­ción; la espe­cia­li­dad de nues­tra que­rida Vero­nica. Da igual con qué per­so­naje te hayas enca­ri­ñado; o se lo cepi­lla o lo deja maltrecho.

138 páginas