14/04/14

Esto también es deporte

Rompo mi letargo en este blog para no decir nada y apro­ve­char para que otros lo digan por mí. Por­que hoy ama­necí sin cono­cer qué es y qué fue el Equipo Hoyt y mi amigo Car­los com­par­tió por Face­book un vídeo que me dejó sin pes­ta­ñear durante todo el tiempo que duró el mismo.

La entrada de la Wiki­pe­dia no está dema­siado actua­li­zada, por lo que me remito a las esta­dís­ti­cas de su página web para mos­trar estos núme­ros. Más de 1000 even­tos depor­ti­vos par­ti­ci­pa­dos; entre los cua­les des­taco: 247 triatlo­nes —7 de ellos con dis­tan­cia de medio Iron­man y 6 de ellos de dis­tan­cia Iron­man—, 22 duatlo­nes, 70 mara­to­nes y 94 medias mara­to­nes. En el enlace tenéis tam­bién el resto de pruebas.

En cual­quier otro caso me hubiera pen­sado bas­tante si com­par­tir este vídeo, por­que la cali­dad es pésima y no encon­tré nin­gún otro con mejor cali­dad, pero creo que en este vídeo esas minu­cias pier­den sen­tido; lo único que nos queda es admi­rar las capa­ci­da­des de nues­tros seme­jan­tes y disfrutar.

Este es el equipo Hoyt; Dick y Rick Hoyt. Padre e hijo.

Cuando nos hablan de deporte quizá lo que nos venga a la cabeza sean las gran­des ligas de fút­bol, balon­cesto o béis­bol, los gran­des tenis­tas, depor­tis­tas del mundo del rally, la Fór­mula 1, Moto GP… A fin de cuen­tas, en ese deporte lo único que importa es el dinero que gene­ran los teles­pec­ta­do­res; si la audien­cia baja, los patro­ci­na­do­res cie­rran el grifo y adiós. Esto tam­bién es deporte; del que se siente, del que emo­ciona, del que merece cada aplauso que suene a su paso. Sim­ple­mente no podía per­mi­tir que cual­quiera que esté a mi alcance se vaya esta noche a dor­mir sin cono­cer esto.

03/03/14

Para RTVE los valencianos somos españoles de segunda

Para RTVE los valencianos somos españoles de segundafoto de Luis PF

Cuando pensé en escri­bir este artículo mi nivel de cabreo era des­co­mu­nal; enton­ces no se espe­raba siquiera que pudié­ra­mos ver nin­guna de las tra­di­cio­na­les mas­cle­tàs que se dis­pa­ran del 1 al 19 de marzo en la Plaza del Ayun­ta­miento a las 14:00h por la tele­vi­sión de todos los espa­ño­les; los que vivi­mos en Valen­cia está­ba­mos cubier­tos tanto por Levante TV como por Medi­te­rrá­neo TV, que emi­ti­rán entre ambas la tota­li­dad de los actos que hasta el año pasado podía­mos seguir mediante la ya difunta RTVV.

Las cosas cam­bia­ron, a mejor; pero no todo lo que cabría espe­rar. De lunes a vier­nes RTVE retrans­mi­tirá por TVE1, durante el corte terri­to­rial las mas­cle­tàs del medio­día; esto quiere decir que las que caen en fin de semana no les impor­tan, y tam­bién que sólo ten­drán acceso a ellas quie­nes resi­dan en la Comu­ni­dad Valen­ciana. Y en cuanto a la ofrenda flo­ral será el pro­grama España Directo quien se encar­gue de ir ofre­ciendo cor­tes retrans­mi­tiendo en directo, bajo su cri­te­rio per­so­nal, los mejo­res momen­tos —o los más impor­tan­tes— de ambos días. Es lo más sub­je­tivo que leí en mi vida, por­que en cuanto a la ofrenda se refiere, el momento más impor­tante para cada valen­ciano es dife­rente; gene­ral­mente suele coin­ci­dir con el paso de la comi­sión a la que per­te­ne­cen, la de su barrio, o la de algún alle­gado. Ima­gino que en este caso serán única­mente las comi­sio­nes impor­tan­tes para Rita Bar­berá. Cul­mi­na­rán su pro­gra­ma­ción espe­cial con la cremà, el día 19, que la retrans­mi­ti­rán como cada año han hecho siguiendo en directo la falla de la Plaza del Ayun­ta­miento y las fallas gana­do­ras de los pri­me­ros pre­mios en monu­men­tos infan­ti­les y grandes.

Cuando te pones a cubrir un evento de este cali­bre, no te que­des a medias; o lo haces bien o mejor no lo hagas. ¿Qué es la pan­to­mima esa de hacer la pro­gra­ma­ción espe­cial durante la des­co­ne­xión terri­to­rial? ¿Esto acaso sig­ni­fica que RTVE con­si­dera que las fallas sólo son impor­tan­tes para los valen­cia­nos? Les recuerdo que son cono­ci­das a nivel mun­dial, y que impul­san la más que per­ju­di­cada «Marca España» allende los mares. Y no será por­que no tie­nen capa­ci­dad, medios, y expe­rien­cia. Sólo hay que echar un ojo al segui­miento que hacen de los san­fer­mi­nes; una fiesta en la que alguien sale herido en el mejor de los casos, y que a cuyos per­so­na­jes prin­ci­pa­les, los toros que no sólo aca­ban heri­dos sino tam­bién tor­tu­ra­dos, nadie les pre­guntó si les pare­cía bien que madru­ga­ran para echarse unas carre­ras y que por la tarde les die­ran mata­rile en el redil.

Que los safer­mi­nes son cono­ci­dos a nivel mun­dial nadie lo puede dis­cu­tir, más allá de que sea algo con lo que comul­gues o no. Pero que las fallas tam­bién lo son, tam­poco. A jui­cio de cada cual queda dis­cer­nir si las fallas son más o igual de impor­tan­tes que los san­fer­mi­nes, pero desde luego de nin­guna forma lo son menos.

28/02/14

Lee, lo que te dé la gana pero lee

Lee, lo que te dé la gana pero leefoto de Julie Falk

Me entero gra­cias a mi amigo Alex, del blog Semi­lla en la Tie­rra, de un artículo escrito en Zoom News cuyo reve­la­dor título ya per­mite hacer­nos una idea de lo que quiere trans­mi­tir: ¿Matan las lec­tu­ras obli­ga­to­rias a los futu­ros lec­to­res?; no obs­tante reco­miendo su lec­tura ya que lo encuen­tro muy intere­sante y com­parto todo lo que dice.

Bási­ca­mente ahonda en un pro­blema que yo mismo sufrí en mi época estu­dian­til: la impo­si­ción gene­ra­li­zada en el cole­gio de un mate­rial que debe­ría­mos rela­cio­narlo, ins­tin­ti­va­mente, con una buena forma de entre­te­ni­miento. Bas­tan­tes libros de texto nos impo­nen en el cole­gio, y que en muchos casos ter­mi­na­mos por odiar­los, como para que libros aje­nos al ámbito esco­lar tam­bién nos dejen mal sabor de boca; y que las poquí­si­mas ganas que pudie­ran que­dar­nos de darle una opor­tu­ni­dad a la lec­tura mue­ran agó­ni­ca­mente una vez pasada la época en la que otros pue­den obli­garte a leer lo que no te interesa; o lo que tú no quie­res leer, por el motivo que sea. Aparte de fomen­tar la lec­tura de clá­si­cos con ver­sio­nes alter­na­ti­vas adap­ta­das al len­guaje actual, como se comenta en el citado artículo, opino que tam­bién debe­rían variar un poco la temá­tica y la época de los mis­mos; lo que en teo­ría se pre­tende cuando se le obliga a un alumno a leer deter­mi­nado libro es que la pasión por la lec­tura surja en él y, en la medida de lo posi­ble, no cese con el paso de los años. En las eda­des a las que nos refe­ri­mos, ya pasada la época en la que se aprende a leer, la acti­vi­dad que se rea­liza tras leer un libro suele ser un resu­men; no sólo se valora la capa­ci­dad lec­tora del alumno, sino tam­bién su pos­te­rior refle­xión y extrac­ción de ideas prin­ci­pa­les para que cual­quiera que no haya leído el libro tenga una idea bas­tante apro­xi­mada de qué se encon­trará en él. Y yo me pre­gunto: ¿ese ejer­ci­cio no puede hacerse con cual­quier libro del mundo? ¡Puede hacerse hasta con cómics!

Un clá­sico escrito en un len­guaje que nos hace recor­dar las cue­vas de Ata­puerca y un cómic son extre­mos opues­tos, ¿por qué no que­dar­nos en un punto inter­me­dio? Cuando le obli­gas a un alumno a com­prar un libro y le parece un tos­tón; le obli­gas a com­prar otro, y de nuevo le resulta un tos­tón; y así, tos­tón tras tos­tón, acaba aso­ciando los libros y la lec­tura a una de las cosas más nega­ti­vas que pue­den pasarle en su día a día. En mi época de estu­diante, cuando pasaba algo así, ya bus­cá­ba­mos por inter­net resú­me­nes de los libros que nos man­da­ban leer y des­pués los modi­fi­cá­ba­mos con expre­sio­nes pro­pias y dán­dole nues­tra forma para que no sos­pe­cha­ran; ni me ima­gino lo que podrán hacer hoy día quie­nes estu­dian y tie­nen un sin­fín de posi­bi­li­da­des para enga­ñar al pro­fe­sor y hacerle creer que se lo han leído cuando incluso ni siquiera lo han com­prado, sabiendo de ante­mano que lo que iban a poder leer iba a ser más efec­tivo que el más pode­roso som­ní­fero. Como decía: ¿por qué no bus­ca­mos un punto inter­me­dio? ¿Por qué no se les ofrece com­prar algu­nos de los ejem­pla­res bue­ní­si­mos que hay publi­ca­dos en la lite­ra­tura juve­nil? Les diver­ti­rán muchí­simo más; y no sólo eso: tam­bién aumen­tará la pro­ba­bi­li­dad de que se engan­chen a la lec­tura; que no lean sólo lo que les impo­nen, sino tam­bién por ini­cia­tiva pro­pia, por­que es muy dife­rente hacer algo por obli­ga­ción que hacerlo por devoción.

Ya comenté en un artículo hace tiempo las des­ven­ta­jas de creer que todos los alum­nos son igua­les; éste es un caso más: ni todos los libros son para todas las per­so­nas, ni todas las per­so­nas para todos los libros. Me pre­gunto si a los auto­res de los clá­si­cos les obli­ga­rían en el cole­gio a des­ci­frar pin­tu­ras rupes­tres, o les ense­ña­rían aque­lla parte de la his­to­ria adap­tada a un len­guaje común que fue­ran capa­ces de enten­der; los idio­mas deben ser herra­mien­tas uni­ver­sa­les que sir­van para comu­ni­car­nos. Cuando en lugar de ser útiles sim­ple­mente son barre­ras y obs­tácu­los que apren­der a sal­tar, su fun­ción prin­ci­pal: comu­ni­car, desaparece.

Amigo estu­diante: lee, lo que te dé la gana pero lee. No cai­gas en el error en que caí­mos muchos, pen­sando que todos los libros iban a ser tan tre­men­da­mente abu­rri­dos como los que te obli­gan a leer cuando vas al cole­gio. Piensa qué te gusta; seguro que ves alguna serie, o tie­nes alguna pelí­cula favo­rita. ¿Qué temá­tica tiene? Ve a bus­car libros de esa temá­tica y te sor­pren­de­rás. ¿Sabías ade­más que muchas pelí­cu­las y series de tele­vi­sión están basa­das en libros? Inves­tiga un poco por inter­net si esa pelí­cula que tanto te gusta está basada en algún libro y dale una opor­tu­ni­dad. No toda la lite­ra­tura es una mierda, seguro que hay algo que te gusta; la dife­ren­cia entre un tos­tón y un buen rato de lec­tura sólo depende de una acer­tada decisión.

24/02/14

La ladrona de libros, de Markus Zusak

Es com­plejo hacer una reseña de un libro que con­si­de­ras que está escrito con una bri­llan­tez sin paran­gón; pien­sas que escri­bas lo que escri­bas no estará a la altura del libro, pero aun así mos­traré mi atre­vi­miento y lo haré; para eso estoy aquí, ¿no?

Entre las pági­nas vamos des­cu­briendo un glo­sa­rio de insul­tos impro­vi­sa­dos de obli­gado cono­ci­miento si visi­ta­mos Ale­ma­nia; nunca se sabe cuándo un espa­ñol nece­si­tará insul­tar a alguien —cosa fre­cuente, por otro lado—. No debe­mos per­mi­tir que los árbo­les nos impi­dan ver el bos­que; entre tanto sau­kerl, ars­ch­loch y sau­mensch hay una pre­ciosa his­to­ria nada con­ven­cio­nal, narrada por la dama de la gua­daña y la túnica negra, que nos con­fía el secreto de que en reali­dad ni lleva túnica ni guadaña.

La ladrona de libros nos relata la his­to­ria de Lie­sel Memin­ger desde que se muda a Mol­ching para vivir en una nueva casa junto a sus nue­vos padres de aco­gida: Rosa y Hans Huber­mann. Lie­sel es sepa­rada de su madre por algo tan habi­tual en aque­lla época como demen­cial tanto en ésa como en cual­quier otra. Allí tam­bién cono­cerá a Rudy Stei­ner, a Max Van­den­burg y a Ilsa Her­mann; tres per­so­nas más sin las que esta his­to­ria seguro que no sería tan emotiva.

El libro en algu­nas par­tes se me hizo un poquito pesado, aun­que teniendo en cuenta que el esce­na­rio de la novela se remonta a la época de la Segunda Gue­rra Mun­dial quizá sea pre­ten­dido en cierto modo; ade­más, ¿quién sería yo para insi­nuar siquiera que la narra­dora no hace bien su tra­bajo? ¡Dios me libre! Por norma gene­ral los libros basa­dos en esta época de la his­to­ria sue­len gus­tarme, así que aun­que no lo cata­lo­ga­ría como el mejor libro que he leído hasta la fecha, como gran parte de su crí­tica hace, sí he de reco­no­cerle la ori­gi­na­li­dad —como ya dije— y que me ha hecho pasar un buen rato leyéndolo.

Las des­crip­cio­nes de los per­so­na­jes son fan­tás­ti­cas; más que una des­crip­ción parece un retrato for­mado por pala­bras, pero que en nin­gún momento llegó a pare­cerme pesado o que hubie­sen deta­lles que sobra­ran; Mar­kus Zusak sabe ele­gir per­fec­ta­mente las pala­bras ade­cua­das a cada escena y con­si­guió que cogiese cariño a casi todos los veci­nos de Himmelstrasse.

Cuando Max llegó a casa de los Huber­mann no había que ser un genio para enten­der que la cosa no pin­taba bien y que, pro­ba­ble­mente, no aca­bara bien para nin­guno de todos ellos. Más teniendo en cuenta la época de la que esta­mos hablando. Pero al menos yo no espe­raba en nin­gún momento que el final del libro iba a ser así. Empiezo a enten­der de dónde sacó George R.R. Mar­tin sus ideas para Can­ción de hielo y fuego.

Un libro difí­cil de olvi­dar. Repleto de citas para recor­dar que te hacen pen­sar y refle­xio­nar. En con­creto me gus­ta­ría des­ta­car esta:

Había una vez un hom­bre bajito y extraño que deci­dió tres cosas impor­tan­tes acerca de su vida:

  1. Que se haría la raya del pelo en el lado con­tra­rio a todos los demás.
  2. Que se deja­ría un pequeño y extraño bigote.
  3. Que un día domi­na­ría el mundo.

Fue una tre­menda elec­ción; me encanta como está escrito, aun­que como es pre­vi­si­ble: es un libro duro y sin final feliz. No todo siem­pre van a ser ale­grías, ¿no?

130 páginas
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