17/12/14

Bajo la misma estrella, de John Green

Aun­que para según qué cosas suelo ser más sen­si­ble, y más en los últi­mos tiem­pos, para ser sin­cero los libros sue­len hacerme reír o ponerme triste; quizá la elec­ción de los títu­los a leer tam­bién pro­pi­cie que no pase de ahí. El caso es que no suelo emo­cio­narme con ellos; y para dar más datos, tam­bién rara vez con alguna pelí­cula o serie de tele­vi­sión, aun­que en alguna que otra… El caso es que este libro sí ha con­se­guido emo­cio­narme. Más que cual­quiera de los que haya leído hasta la fecha. Y un libro que con­si­gue sacar en mí esos sen­ti­mien­tos merece pasar a la pri­vi­le­giada estan­te­ría de mis libros favo­ri­tos.

Las altas expec­ta­ti­vas son malas com­pa­ñe­ras; empe­zar a leer un libro con una valo­ra­ción media de 4,5/5 puede ser una bri­llante elec­ción o una catás­trofe. Y me ale­gro de que en este caso éste esté entre los afor­tu­na­dos per­te­ne­cien­tes al pri­mer grupo.

Que el libro va a ser triste no puede pillarte de sor­presa, basta con leer la sinop­sis para ima­gi­narlo. Lo que no pue­des ima­gi­nar es que vaya a ser tan terri­ble­mente triste y ale­gre a la vez. John Green, este genio de las pala­bras, ha sabido dotar a la novela de un poder capaz de dejarte sumido en la mierda en un párrafo y sacarte una son­risa en el siguiente gra­cias a uno de los genia­les comen­ta­rios, tan duros como reales, con los que tanto Augus­tus como Hazel Grace van delei­tán­do­nos durante el trans­curso de la historia.

Me gus­ta­ría cono­cer a una chica como Hazel Grace. Y a un chico como Augus­tus. Ojalá, qui­siera poder tener­los a ambos como ami­gos. Mien­tras que muchos vamos viendo pro­ble­mas donde no los hay, ellos sabiendo que es cues­tión de tiempo que mue­ran, se afe­rran a la vida de una manera sor­pren­dente; bro­meando con sus pro­ble­mas, hacién­do­nos par­tí­ci­pes de ellos y no per­mi­tiendo que ni los per­so­na­jes ni noso­tros nos hun­da­mos y sin­ta­mos lás­tima por ellos.

Aun­que a priori pueda pare­cer la típica rela­ción amo­rosa de quin­cea­ñe­ros, en reali­dad no es así. Durante la mayor parte del tiempo, aun­que están enamo­ra­dos, son sim­ple­mente dos per­so­nas que tra­tan de hacerse la vida más fácil el uno al otro, que se entien­den y se com­pren­den más ínti­ma­mente que cual­quier otra per­sona sen­ci­lla­mente por­que están pasando por lo mismo y saben cómo se sien­ten. ¿Y por qué no? Sabiendo que su tiempo es limi­tado, mere­cen darse la opor­tu­ni­dad que al final aca­ban dán­dose hasta que llega el Último Día Bueno…

Un libro de esos que mar­can un antes y un des­pués, de los que pasará el tiempo y segui­rás recor­dán­dolo. De los que si pien­sas en releer alguno, seguro que es el pri­mero que te viene a la mente. Pese a su dureza.

08/12/14

La casa de la muerte, de R.L. Stine

¡A la cuarta va la ven­cida! Ah no, espera; era a la ter­cera. ¡Es igual! El cuarto libro de la serie; por fin uno que des­cu­bro rele­yén­dolo ahora, siendo más mayor, que per­fec­ta­mente podría dar miedo a un niño; público al que están des­ti­na­dos estos libros. En cuanto al tema prin­ci­pal de este libro: la tan tri­llada his­to­ria de una casa encan­tada. Un matri­mo­nio junto a sus dos hijos deci­den mudarse a una casa que recien­te­mente han here­dado de un pariente que no cono­cían; suce­sos para­nor­ma­les y dosis de intriga y mis­te­rio lle­nan las pági­nas de este número de la colec­ción Pesa­di­llas que ¡por fin! hace honor al título de la misma.

05/12/14

El hombre invisible, de H. G. Wells

Mien­tras leía La ladrona de libros me entra­ron unas ganas tre­men­das de poder leer lo que Lie­sel estuvo leyendo a lo largo de toda la novela; lamen­ta­ble­mente eso no es posi­ble, pero la ver­sión cine­ma­to­grá­fica de la novela me daría una ines­pe­rada sor­presa cam­biando El hom­bre que se enco­gía de hom­bros por El hom­bre invi­si­ble. No tengo ni idea de por qué hicie­ron este cam­bio, pero el caso es que me bene­fi­ció, por­que si bien no era lo que en prin­ci­pio tenía ganas de leer, al menos sí era algo que podía leer; y era mucho más de lo que había con­se­guido hasta el momento de ver la película.

Sin duda, cuando alguien te hace la pre­gunta: ¿qué super­po­der te gus­ta­ría tener? Uno de los que ron­dan por tu cabeza antes de res­pon­der decan­tán­dote por uno es el don de la invi­si­bi­li­dad, supo­niendo que todo serían ven­ta­jas, y más sin tener en cuenta la posi­bi­li­dad de que ese efecto no fuera rever­si­ble a tu antojo. H.G. Wells nos hace enten­der con esta novela que un estado per­ma­nente de invi­si­bi­li­dad puede ser tan com­pli­cado, o más incluso, que el peor de los tran­ces que poda­mos tener siendo com­ple­ta­mente visi­bles. Nunca todo es tan bonito como se pinta en un pri­mer momento.

Por con­tra de lo que pueda pare­cer, la invi­si­bi­li­dad no le viene a nues­tro per­so­naje por nin­gún don, ni nin­gún deseo pedido a una lám­para mágica, ni tam­poco mediante la venta de su alma a un demo­nio en un cruce de cami­nos; Grif­fin es un cien­tí­fico pro­bando fór­mu­las sobre sí mismo hasta que sus esfuer­zos dan con la fór­mula para lograr la invi­si­bi­li­dad… sin saber toda­vía cómo vol­ver a ser visi­ble. Durante la novela hay un ligero toque cien­tí­fico; mien­tras estu­dia algún método para poder vol­ver a ser visi­ble y tam­bién, más avan­zada la novela, cuando va narrando su his­to­ria a quien él con­si­dera su nuevo com­pin­che: Kemp. Cosa que da sen­sa­ción de más rea­lismo si cabe.

La per­so­na­li­dad de Grif­fin es bas­tante dra­má­tica y drás­tica; es un hom­bre de poca pacien­cia, nece­sita la mínima para explo­tar por cual­quier cosa que salga fuera de su con­trol. El trans­curso de la novela se ve alte­rado en mayor parte por esta per­so­na­li­dad tan fuerte y que hace de él alguien nada pre­de­ci­ble —aparte de lo impre­de­ci­ble que ima­gino que de por sí debe de ser alguien a quien nadie puede ver— lle­ván­do­nos hacia un final que cul­mina de forma bri­llante este breve clá­sico que leí por puro azar tras ver una película.

Es una obra muy cor­tita, que se lee rápi­da­mente sobre todo de mitad del libro hacia ade­lante —que es la parte que más me gustó—; creo que es una novela bas­tante entre­te­nida para que expe­ri­men­ten aque­llos que aún no hayan catado la cien­cia ficción.

04/12/14

Peligro en las profundidades, de R. L. Stine

Es com­pli­cado hacer una reseña con­cien­zuda de estos libros dada la bre­ve­dad e intras­cen­den­cia de los mis­mos. Leyén­do­los ahora no creo que nin­guno de ellos vaya a asus­tarme como lo hacían cuando era pequeño, pero éste con­cre­ta­mente dudo que ni de pequeño me hubiera asus­tado lo más mínimo. Vaya, que entiendo la preo­cu­pa­ción de Billy al encon­trarse nadando entre un arre­cife de coral vene­noso y un tibu­rón que quiere matarlo, pero de no ser yo Billy tal como se cuenta no creo que me asuste dema­siado. Más que terror, éste podría cata­lo­garse mejor bajo el género de aven­tu­ras; en ese caso cua­dra­ría mejor y con­se­gui­ría un obje­tivo que cum­ple: entre­te­ner un ratito hasta que lo ter­mi­nas. No recuerdo haberlo leído de pequeño, y pro­ba­ble­mente sea por­que leyén­dote la sinop­sis menos miedo espe­ras que te dé cual­quier cosa.

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