17/01/15

2014 en perspectiva

Este año he tar­dado un poco más en escri­bir mi resu­men anual por dos moti­vos: el pri­mero es por­que no tenía ganas de hacerlo, de recor­dar lo vivido durante 2014; el segundo por­que tenía que pen­sar bien cómo iba a hacerlo, para saber qué decir y de qué forma escribirlo.

Antes de nada me gus­ta­ría dejar claro que un año u otro son meras cifras; pue­des tener buena o mala suerte, pero lle­gará esa suerte igual sea el año que sea; es lo que creo. 2013 fue un año pleno de satis­fac­cio­nes, pero en buena parte fui yo mismo quien me lo pro­curé; 2014 fue a la inversa: un año en el que prác­ti­ca­mente nada salió como yo hubiera que­rido, pero tam­bién fui yo el que pasó buena parte del año des­ani­mado y no haciendo todo lo que debe­ría haber hecho para que al ter­mi­nar el año y valo­rarlo glo­bal­mente, con sus pros y sus con­tras, el resul­tado fuera satisfactorio.

Cometí el error de empe­zar prác­ti­ca­mente el año pen­sando que 2014 no está siendo dema­siado fruc­tí­fero para mí; y es cierto: en ese momento lo pen­saba así y por eso lo escribí; más tarde lo pen­saba toda­vía con más rotun­di­dad, pero ya no insistí en el tema. Si las cosas no van bien pero al menos pien­sas que pue­den ir a mejor —siem­pre y cuando depen­dan direc­ta­mente de ti— que­dará siem­pre una opor­tu­ni­dad para mejo­rar la situa­ción; en el momento en que pien­ses que nada tiene reme­dio, que todo ha lle­gado a su fin, y que ya nada pue­des hacer por sal­var la situa­ción, serán esas malas vibra­cio­nes y ese sen­ti­miento nega­tivo los cul­pa­bles de que sea así por­que ya no lucha­rás para cam­biar nada. Y eso me pasó: me resigné desde el principio.

Prác­ti­ca­mente sus­pendí en todos mis obje­ti­vos para 2014. En lo único que cum­plí con sol­ven­cia fue en seguir mejo­rando con mi forma física, mi dieta, y hacer deporte regu­lar­mente; bajé un poco de peso y ter­miné el año bas­tante esta­ble man­te­nién­dome sin mayor esfuerzo entre los 80 y los 81 kilos.

Deporte

Pero el pro­blema es que no que­ría seguir teniendo el deporte como un medio para con­se­guir un fin; que­ría evo­lu­cio­nar, y como no lo con­se­guí en la medida que espe­raba me dio el bajón. Comenté que hacían una carrera aquí, en el pue­blo donde vivo, y que me gus­ta­ría apun­tarme y ter­mi­narla. Entre­nando nor­mal­mente solía, al menos, estar bas­tante cerca de los kiló­me­tros de que cons­taba esa prueba, así que dejando al mar­gen que su reco­rrido pasa por zonas algo duras era, en cierto modo, ase­qui­ble; más teniendo en cuenta que el tra­yecto es el mismo donde entreno siem­pre: es mi hábi­tat, si hay algún sitio que puedo cono­cer de memo­ria es éste. Y pese a todo ello me rendí antes siquiera de haberlo inten­tado; con­forme se acer­caba la fecha iba cos­tán­dome más siquiera cum­plir esos 10K, ya ni hablar del tiempo, sim­ple­mente hacer­los; era un muro en mi cabeza el que no me per­mi­tía alcan­zar esos kiló­me­tros: siem­pre pasaba algo y antes de lle­gar me vol­vía para casa. Y la sen­sa­ción era horrible.

Aun­que peor fue el día X; cuando vi la carrera desde la barrera. Fue una decep­ción des­co­mu­nal; me había fallado a mí mismo. En mi mente tenía claro que no podía correr, pero era una gran bata­lla per­dida que des­pués me pasa­ría fac­tura durante todo el año; arre­pin­tién­dome, mucho, de no haber corrido. Por­que me rendí antes de siquiera haberlo inten­tado, por­que siem­pre se puede dar más de lo que se cree, y por­que aun­que yo cre­yera que no podía en el fondo sí podía; en más o menos tiempo, pero podía ter­mi­narla. Era la excusa que yo mismo me grabé a fuego en la mente por­que estaba aco­jo­nado real­mente, por­que nunca había hecho una carrera, y por­que pen­saba que no iba a poder conseguirlo.

Pero este año no va a pasar y la voy a correr. Sea como sea. Por­que sé que puedo, aun­que cuando lle­gue el momento no lo crea; por­que para hacer algo así quizá nunca lle­gue el momento en que me crea real­mente pre­pa­rado, y por­que si espero a que ese momento lle­gue quizá me vaya al otro barrio sin haber hecho nin­guna carrera, con las ganas que tengo. Por­que uno nunca está pre­pa­rado para la pri­mera vez que se hace algo, pero una vez que se hace e inde­pen­dien­te­mente de que haya salido mejor o peor, sue­les darte cuenta de que real­mente era peor lo que tú pen­sa­bas que iba a ser de lo que real­mente ha sido.

Hacia final de año me recu­peré un poco y empecé a sen­tirme bas­tante bien entre­nando, pero poco des­pués me lesioné y frené el ritmo; un ritmo que está cos­tán­dome bas­tante recu­pe­rar, pero ahí voy…

Lectura

Que­ría leer más. Téc­ni­ca­mente esto lo con­se­guí: leí más libros, con­cre­ta­mente 18 más. Lo cual para algu­nos sería un éxito pero para mí fue un fra­caso; lle­vaba dos años leyendo 30 libros, y en 2014 que­ría aumen­tar esta cifra a 40. Mi obje­tivo eran 10 más que en 2012 y en 2013; en cam­bio la reali­dad fue que leí menos que antes.

Y el motivo es el mismo que ya comenté: la desilu­sión. Estaba frus­trado por el tema depor­tivo; no levan­taba cabeza y buena parte del año la pasé sin leer abso­lu­ta­mente nada. Hacia final de año intenté dar un empu­jón, pero cuando ya era impo­si­ble lograr el obje­tivo, así que me di cuenta y de nuevo frené el ritmo.

Caligrafía

Aquí al menos siendo honesto he de darme un apro­bado. Es cierto que no mejoré mi cali­gra­fía en la medida en que me hubiera gus­tado, pero cuando ha cam­biado tan drás­ti­ca­mente, por más pesi­mista que pueda estar, es difí­cil ponerme mala nota en esto. Y es algo que tenía inte­rés en cam­biar por­que siem­pre había sido algo que me había dado bas­tante ver­güenza mos­trar; habían momen­tos en que ni yo mismo enten­día lo que había escrito, y eso no podía per­mi­tirlo. Más si cabe cuando en muchas entre­vis­tas de tra­bajo te hacen escri­bir alguna cosa, y con lo nece­si­tado de tra­bajo que estoy no podía per­mi­tirme que la ima­gen que que­dara de mí sobre un papel fuera la de alguien a quien no se le entiende ni qué escribe.

Durante este año he escrito bas­tante a mano; par­ti­cipé en un pro­yecto por corres­pon­den­cia que me faci­litó escri­bir de algo cuando no se me ocu­rría nada sobre qué escri­bir. Y en parte gra­cias a eso con­se­guí ir mejo­rando la cali­gra­fía a base de cons­tan­cia y prac­ti­car más y más.

Y sí, sé que escri­bir por aquí tam­poco ha sido uno de mis fuer­tes; no era un obje­tivo, pero sí lle­vaba inten­ción de mejo­rar mi perio­di­ci­dad de escri­tura en este blog. Y no, tam­poco cum­plí eso, por­que lle­vaba idea de comen­tar acerca del pro­yecto de corres­pon­den­cia y nunca lle­gué a hacerlo.

Uñas

Seguir sin mor­derme las uñas; otro obje­tivo que tam­poco cum­plí. Otra de las cosas que más ver­güenza me daba era que eme vie­ran las manos; siem­pre con las uñas mor­di­das. En 2013 con­se­guí fre­nar este asque­roso impulso, pero con lo decaído que estuve en 2014 volví a mor­dér­me­las; a veces por «nece­si­dad» —muy entre­co­mi­llado esto— y otras veces sim­ple­mente por­que me daba igual mor­dér­me­las o no mor­dér­me­las, por­que ya sen­tía como que había fra­ca­sado en mis obje­ti­vos y había tirado el año a la basura, así que ya me daba igual prác­ti­ca­mente todo. De momento en 2015 toda­vía no me las mordí, espero que esto no cambie.

iPhone

Un iPhone. Algo ines­pe­rado. Desde que salió este telé­fono lle­vaba que­riendo tener uno pro­pio. Llevo muchos años usando pro­duc­tos Apple, pero nunca había podido cacha­rrear con un bicho de estos. A fina­les de año un amigo me regaló el iPhone 5 y desde enton­ces vivo enamo­rado de él; sabía que estos telé­fo­nos iban fran­ca­mente bien, pero hasta que no usas uno durante un tiempo no tie­nes idea de cómo de bien funcionan.

Nunca había usado iOS más allá de un rato con­fi­gu­rando alguna cosa para algún amigo o cosas sen­ci­llas de ese tipo, así que antes de escri­bir mis impre­sio­nes sobre este sis­tema ope­ra­tivo, y en gene­ral sobre el iPhone en sí, he que­rido darme un tiempo para poder ir des­cu­briendo cosas de qué hablar para la com­pa­ra­tiva entre Android y iOS; sobre todo por­que han sido muchos años de ser usua­rio de Android, sis­tema ope­ra­tivo el cual con­si­dero que conozco bas­tante bien, y usua­rio muy reciente de iOS, con nece­si­dad de un poco más de expe­rien­cia para poder una crí­tica fundamentada.

Conclusiones

Un año en que no me lo he currado nada salvo hon­ro­sas excep­cio­nes ya comen­ta­das. Un año en el que durante bas­tante tiempo eh sen­tido lás­tima de mí mismo, y eso de auto com­pa­de­cerme no me gusta nada; cuando algo no sale como espero suelo venirme abajo bas­tante rápido —y es algo que he de inten­tar cam­biar— pero nor­mal­mente al día siguiente suelo pasar de todo y olvi­darme de lo malo pasado. Este pasado año los perío­dos de ton­te­ría extrema se han alar­gado incluso durante sema­nas, y cada semana que paso estando aba­tido es una semana tirada a la basura. Y eso es algo que no puedo permitirme.

Y ya no escribo más, que me enro­llo como las persianas.

07/01/15

Libros leídos durante 2014

Este año fallé con mi obje­tivo de lec­tura. Y fallé mucho, no es que no lo cum­pliera por poco; el obje­tivo iba a ser leer más que nunca y, en cam­bio, leí menos que nunca. En el repaso de los libros leí­dos durante 2013 me mar­qué como obje­tivo leer 40 libros en 2014; la reali­dad ha sido bas­tante más dura y sólo leí 18. Empecé muy bien, pero pro­ble­mas ines­pe­ra­dos en lo depor­tivo me deja­ron bas­tante tocado y sin ganas de mucho… inclu­yendo en ello la lec­tura. Así que hay un parón impor­tante durante el año por ese motivo, que se inte­rrumpe a final de año por un intento de apre­tón cuando ya era total­mente impo­si­ble lograr el obje­tivo, y de nuevo paré… Voy con la lista de lec­tu­ras; la mayo­ría tie­nen un enlace a su corres­pon­diente reseña.

    Enero

  1. Un día en Horror­lan­dia, de R. L. Stine
  2. El gran Gatsby, de Fran­cis Scott Fitzgerald.
  3. Los espan­ta­pá­ja­ros andan a media­no­che, de R. L. Stine.
  4. Febrero

  5. La ladrona de libros, de Mar­kus Zusak.
  6. El curioso caso de Ben­ja­min But­ton, de Fran­cis Scott Fitzgerald.
  7. Peli­gro en las pro­fun­di­da­des, de R. L. Stine.
  8. El hom­bre invi­si­ble, de H. G. Wells.
  9. La casa de la muerte, de R. L. Stine.
  10. Bajo la misma estre­lla, de John Green.
  11. The Wal­king Dead #20: Gue­rra sin cuar­tel parte I, de Robert Kirkman.
  12. Marzo

  13. ¿Sue­ñan los androi­des con ove­jas eléc­tri­cas?, de Phi­lip K. Dick.
  14. Ciu­dad de hueso, de Cas­san­dra Clare.
  15. No bajes al sótano, de R. L. Stine.
  16. Abril

  17. Flo­res para Alger­non, de Daniel Keyes.
  18. Diver­gente, de Vero­nica Roth.
  19. Septiembre

  20. La aven­tura de correr des­calzo, de Emi­lio Sáez Soro.
  21. Octubre

  22. Edén inte­rrum­pido, de Car­los Sisí.
  23. Cole­gio Z: Ala este, de Igna­cio Mallén.

Y hasta aquí. Podría haber sido más, seguro; podría haber sido mejor, tam­bién. Pero como en todo, las rachas de lec­tura tam­bién van por eta­pas y unas veces se lee más y otras se lee menos. Para 2015 el obje­tivo es leer 30 libros mínimo; es el mismo número de libros que leí en 2012 y en 2013. Con el obje­tivo de superarlo, si se puede, pero sin obse­sio­narme con ello. Espero que este año sea más esta­ble aními­ca­mente, que no tenga dema­sia­dos baches en el camino, o al menos que si los hay no me afec­ten tanto como para dejar de lado otras cosas, como la lec­tura, que me gusta man­te­ner en el tiempo.

31/12/14

Colegio Z: Ala este, de Ignacio Mallén

Lo pri­mero y más impor­tante: tanto este libro como el segundo de esta serie están dis­po­ni­bles gra­tui­ta­mente para leer en digi­tal en la página web del autor; tam­bién puede com­prarse en for­mato físico desde Amazon.

Mis expec­ta­ti­vas con este libro eran bas­tante bajas; las ha supe­rado, pero no era difí­cil tam­poco. Las pri­me­ras pági­nas me asus­ta­ron un poco, temía que no iba a gus­tarme nada, pero le di una opor­tu­ni­dad e hice bien por­que al final resultó ser un libro bas­tante entre­te­nido. No des­taca por algo único entre los libros de este género, está lleno de recur­sos mani­dos, aun­que en algu­nas par­tes y sobre todo al final el autor intenta darle huma­ni­dad a los zom­bis, quizá un pre­sa­gio de lo que nos depare en la segunda parte… aun­que no lo creo. De todos modos la leeré seguro.

En oca­sio­nes es bas­tante explí­cito; es un cole­gio, con jóve­nes, y casi todos parece que se pasen el día pen­sando en la de cosas estú­pi­das que podrían hacer. Y entre tanto vio­len­cia y sexo. Es breve, ligero, entre­te­nido y gra­tis. ¿Se puede pedir más por menos?

136 páginas
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